Hace solo dos semanas que recordábamos el cumpleaños de Stalin, —colocado deliberadamente en el día del solsticio de invierno— así como el culto a Stalin que crece por toda Rusia. Y ahora mismo nos hemos topado con una nueva y sobrecogedora reliquia de ese culto. Un calendario mural de Stalin, con un retrato y un breve capítulo biográfico para cada mes del año.

«El calendario es un gran regalo para veteranos y amantes de la historia», anuncia el sitio web de la editorial. Así que, si le apetece amar esta historia, dese prisa, porque el tiempo se agota y las existencias se están terminando.

¿Y cuál es la editorial? No lo averiguaría usted ni en mil años, así que se lo diré yo. El Centro Editorial del Patriarcado de la Iglesia ortodoxa rusa, que trabaja en uno de los lugares más sagrados de la Iglesia rusa, el monasterio de la Trinidad de San Sergio.


Pero ¿por qué habría de sorprendernos esto? La dirección del Estado ruso y la de la Iglesia colaboran estrechamente y se apoyan mutuamente. El principio rector de la ideología estatal es cada vez más la nostalgia de Stalin. El tercer elemento de la ecuación se sigue lógicamente de ello. Recientemente se ha propuesto incluso la canonización de Stalin.





¿Y, de nuevo, por qué habría de sorprendernos esto, cuando en tiempos de Stalin el Calendario Ortodoxo oficialmente autorizado ya incluía las festividades revolucionarias? ¿Sabía usted, por ejemplo, que exactamente hoy, 9 de enero, celebramos la festividad del «líder del proletariado, Vladímir Ilich Lenin»? Toda alabanza le sea dada.

Continuación: Iconos apócrifos




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